Trabajo desde el Análisis Funcional de la Conducta y las Terapias Cognitivo-Conductuales y Contextuales, que son formas de entender los problemas psicológicos basadas en la ciencia
Es dejar de compararte con todo el mundo, de pedir perdón por existir y de medir tu valor por lo que haces. Y sí, se puede trabajar.
¡Buenas! Soy Gabriel, un culo inquieto de libro. Llevo varios años trabajando como psicólogo sanitario con adultos de todas las edades y todo tipo de problemas.
Además, soy supervisor clínico y profe de uni, de esos que te hacen pensar mucho, pero te echan una mano en todo lo que pueden.
Mi trabajo consiste en ayudarte a entender qué te pasa, por qué te pasa y cómo lo puedes solucionar. Aquí no vas a encontrar frases de taza, incienso ni mantras.
Tampoco vas a hablar durante horas mientras te miro de forma intensa y asiento, para irte igual que viniste, sin cambios concretos en tu vida. Y mucho menos te voy a decir que “todo pasa por algo” o que “pienses en positivo”. Porque a veces la vida no pasa por nada, simplemente nos pasa por encima. Y aún así, se puede aprender a estar mejor.
Trabajo desde el Análisis Funcional de la Conducta y las Terapias Cognitivo-Conductuales y Contextuales, que son formas de entender los problemas psicológicos basadas en la ciencia. Con explicaciones de lo que te ocurre, objetivos claros marcados por ti (si te cuesta, yo te ayudo a definirlos), herramientas útiles para tu día a día, estrategias eficaces y soluciones reales a tus problemas. Y todo, con cercanía, calidez, empatía y humor, porque a veces reírse un poco es el mejor antidepresivo (y sin efectos secundarios).
Parto de una mirada crítica con el entorno social, porque no todo lo que te pasa depende de ti. Vivimos en un mundo que a veces aprieta (los alquileres por las nubes, tener que hacer el trabajo de tres personas, las discriminaciones, las normas de género o la exigencia constante de “poder con todo”) y entender eso es parte del proceso. No se trata de resignarte a lo injusto, sino de cambiar lo que se puede y, en lo que no, aprender a vivir sin que te destruya.
Planifico cada proceso como un traje a medida: adaptado a ti, a tu historia, a tu forma de ver el mundo, a lo que tú necesitas y a lo que tú quieres conseguir. Sin seriedad innecesaria, ni juicios, que esto no es el Tribunal Supremo. Y siempre con espacio para que puedas decir “esto no me encaja” o “prefiero hacerlo distinto”.
Escríbeme o agenda una primera cita sin compromiso.
Ve a mi sección de preguntas frecuentes, allí encontraras con mas detalle alguna de las acciones que desarrollaré para llevar tu caso.
¿Es igual de eficaz? · ¿Me sentiré igual de a gusto?
Lo entiendo, suena raro eso de contar tus cosas a alguien que está al otro lado de una pantalla. Pero tranquilo: no es tan marciano como parece.
Los estudios científicos llevan tiempo diciendo que la terapia online funciona igual de bien que la presencial para la mayoría de los problemas en adultos. Lo que cambia es que no tienes que cruzar media ciudad en metro, ni buscar aparcamiento ni hacer tiempo en una sala de espera con revistas del 2015.
La mayoría de mis consultantes acaban encantados porque pueden conectarse desde donde quieran: el sofá, la oficina o incluso desde la cama y con los gatos encima. Y lo mejor: tú controlas el espacio. Si te apetece tener una mantita o un café en mano, adelante.
Mi consejo: prueba una sesión. Si no te convence, te ayudo sin problema a encontrar a alguien presencial de confianza por tu zona.
Y si la tecnología te da respeto, tranquilo: te guío paso a paso. Lo más complicado suele ser recordar qué botón hay que pulsar… y, con suerte, eso lo solucionamos en menos de un minuto.
¿De verdad es el momento de empezar la terapia?
Puede que sí… o puede que no. A veces no es el momento ideal, y no pasa nada por admitirlo. Si estás hasta arriba o tu cuenta bancaria da más sustos que alegrías, igual prefieres esperar un poco.
Pero también pasa otra cosa: esperamos a que llegue “el momento perfecto”, y ese momento suele tener la misma puntualidad que los trenes de cercanías. La verdad es que casi nunca se dan las condiciones perfectas para empezar, y mientras tanto el malestar sigue ahí, ocupando sitio.
Si el problema es el tiempo o el dinero, podemos adaptarlo: hacer sesiones más espaciadas (por ejemplo, cada dos semanas) o ajustar las tareas para casa según lo que puedas asumir. La idea no es agobiarte más, sino buscar algo que te ayude sin que sea una carga extra.
Tú cuéntame tu situación y lo vemos juntos, sin juicios y sin drama.
¿Cómo sé que contigo será diferente?
Puede que sí… o puede que no. A veces no es el momento ideal, y no pasa nada por admitirlo. Si estás hasta arriba o tu cuenta bancaria da más sustos que alegrías, igual prefieres esperar un poco.
Pero también pasa otra cosa: esperamos a que llegue “el momento perfecto”, y ese momento suele tener la misma puntualidad que los trenes de cercanías. La verdad es que casi nunca se dan las condiciones perfectas para empezar, y mientras tanto el malestar sigue ahí, ocupando sitio.
Si el problema es el tiempo o el dinero, podemos adaptarlo: hacer sesiones más espaciadas (por ejemplo, cada dos semanas) o ajustar las tareas para casa según lo que puedas asumir. La idea no es agobiarte más, sino buscar algo que te ayude sin que sea una carga extra.
Tú cuéntame tu situación y lo vemos juntos, sin juicios y sin drama.
¿Y si estoy exagerando y no es para tanto?
Tranquilo/a, esto lo escucho muchísimo (y, entre tú y yo, suele ser señal de que algo importante sí te está pasando). No tienes que venir con un discurso preparado ni con un diagnóstico bajo el brazo. Entender qué te ocurre es mi trabajo, no el tuyo.
Durante las primeras sesiones te haré preguntas para entender bien tu situación y pondré orden en todo eso que ahora te parece un batiburrillo. Y cuando tenga una idea clara, te lo explicaré con palabras normales, sin tecnicismos ni jerga de manual.
Sentirse mal sin saber por qué no es exagerar, es simplemente no tener aún el mapa de lo que te está pasando. Y ahí entro yo: para ayudarte a construirlo juntos antes de empezar a mover piezas.
La respuesta más honesta: depende. Depende de ti, de lo que quieras trabajar y de hasta dónde quieras llegar. Si en unas sesiones te sientes mejor y prefieres dejarlo ahí, perfecto. Si decides seguir un poco más para afianzar los avances o tocar temas secundarios, igual de bien.
También influye lo compleja que sea la situación, cuánto puedas practicar fuera de sesión y el ritmo al que te apetezca avanzar. Hay procesos que duran unos meses, y otros que se alargan algunos años. Pero la idea es clara: tú decides cuándo parar, no hay letra pequeña ni compromiso oculto.
Y por si te lo preguntas: no pienso entretenerte con charlas innecesarias solo para alargar esto. Cuando alcancemos tus objetivos, la terapia se termina.
Si en algún momento ya no te cuadra venir, lo dices y punto. No hace falta justificarlo. Y si no me lo quieres contar, perfecto. Yo asumiré que te han abducido los extraterrestres y te desearé lo mejor en tu nueva vida en Marte.
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¿Y si estoy exagerando y no es para tanto?
Tranquilo/a, esto lo escucho muchísimo (y, entre tú y yo, suele ser señal de que algo importante sí te está pasando). No tienes que venir con un discurso preparado ni con un diagnóstico bajo el brazo. Entender qué te ocurre es mi trabajo, no el tuyo.
Durante las primeras sesiones te haré preguntas para entender bien tu situación y pondré orden en todo eso que ahora te parece un batiburrillo. Y cuando tenga una idea clara, te lo explicaré con palabras normales, sin tecnicismos ni jerga de manual.
Sentirse mal sin saber por qué no es exagerar, es simplemente no tener aún el mapa de lo que te está pasando. Y ahí entro yo: para ayudarte a construirlo juntos antes de empezar a mover piezas.
Puedes estar tranquilo/a. La enorme mayoría de los problemas psicológicos pueden trabajarse perfectamente sin medicación. Los fármacos son una herramienta útil en algunos casos, pero siempre como último recurso, no el punto de partida.
Solo recomiendo valorar la medicación en situaciones muy muy concretas, y siempre como apoyo al proceso terapéutico, no como sustituto. Y si alguna vez te lo propongo, será porque de verdad creo que podría ayudarte, no porque me dé comisión por receta (spoiler: no la hay).
En cualquier caso, la decisión siempre es tuya. Nadie te va a obligar a tomar nada: tú mandas sobre tu cuerpo y tu proceso.
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Ideal para que comiences ya tu tratamiento psicológico especializado.
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